José Ignacio Agorreta

Prensa

Xabier Gantzarain (Argia)

17/09/2017


Traducción de Alberto Barandiarán.

 

José Ignacio Agorreta (Pamplona, 1963) no necesita la muleta de la palabra, no quiere muletas para sus trabajos. En la exposición que ha mostrado este verano en la Ciudadela, sus trabajos no tienen título, ni siquiera "sin título", nada. Son trabajos emocionantes, sugerentes en su propia desnudez. Tampoco hay mucho texto en el catálogo, no hay teoría grandilocuente ni epatante, y, a pesar de todo, o precisamente por ello, es tan profundo como las raíces del mundo que se va.

Estas palabras de Pello Lizarralde en el catálogo, "todos marcharon, y no hay nadie que crea que puedan volver. A algunos se lo impide el destrozo evidente, las paredes y tejados caídos; a otros el polvo que ha embalsamado los objetos que dejaron donde siempre". No en vano ha escogido Pello Lizarralde trabajos de Agorreta para las portadas de sus libros.

El artista logra algo muy difícil; mostrar mediante la pintura el polvo que ha embalsamado los objetos, las casas, las vidas. Incluso la luz es cenicienta en sus cuadros, y gracias a ella puede reproducir con maestría un ambiente de desolación y abandono. Casas derrumbadas y abandonadas, armarios vacios , habitaciones desoladas, cocinas vacías...Pintando los objetos que quedaron muestra la ausencia, lo que falta, lo que se fue, lo que nunca volverá.

Alberto Barandiaran lo contó en un artículo publicado en Berria: "Agorreta ha representado la vida callada en una habitación vacía: una mañana cualquiera; el ambiente dejado en una tarde macilenta; la tranquilidad después de la nada. En los lienzos se puede leer la nostalgia de lo que pudo haber sido, la que nos muestra que nuestra memoriase puede esconder en el rastro dejado por el tiempo en las cosas cercanas: en las pared gastada, en una silla abandonada, en la cortina desgarrada al lado de la ventana, en un montón de escombros".

El trabajo de Agorreta enciende la memoria del espectador.

Xabier Gantzarain (Argia)